Tokyo 91: La gran fiesta de la longitud


Una de las grandes bellezas del atletismo es la capacidad para luchar contra una mismo y sobretodo con los límites del ser humano, cuan rápido podemos correr, cuánto podemos saltar, etc… En los terceros Campeonato del Mundo de Atletismo, los disputados en Tokyo en 1991, presenciamos el mejor concurso de salto de longitud de la historia y uno de los momentos más mágicos de este deporte. La gran lucha de dos hombres por ver quien podía llegar más lejos de un solo salto. Los protagonistas eran dos estadounidenses, el más que mítica Carl Lewis y un menos conocido Mike Powell, que en ese concurso escribirían una de las más gloriosas historias de este deporte.

El primero en llegar a los 8 metros

El primer atleta en la historia en sobrepasar los 8m en la prueba de la longitud no fue otro que el gran Jesse Owens, una de las mayores leyendas del atletismo. El atleta norteamericano saltó 8,13m en 1935 y un año después logró cuatro oros olímpicos en Berlín incluyendo el de la longitud.

Owens la primera gran estrella de la longitud.
Owens la primera gran estrella de la longitud.

El récord de Owens duraría 25 años, hasta que Ralph Boston en 1960 logra saltar 8,21m y tiempo después 8,35m. Esa marca duraría hasta los Juegos de México 68.

Un récord que parecía inalcanzable

Para ponernos en situación debemos recordar al gran Bob Beamon, que en los Juegos de México 68, conseguía saltar 8,90m, lo que no solo significaba el récord del mundo, si no que parecía una marca de ciencia ficción que tardaríamos muchas décadas en verse superado.

Fueron unos juegos donde pasaron grandes cosas para el mundo del atletismo, la marca estratosférica de Beamon en la longitud, por primera vez se bajo de los 10s en los 100m y vimos a Foxbury revolucionar la longitud saltando de espaldas.

Pero volvamos a lo que nos atañe, con ese maravilloso salto Beamon mejoraba su marca personal en 57cm y la anterior plusmarca mundial en 55cm, una autentica salvajada. Además tras ese salto nunca volvería a saltar más de 8.22m.

Pero con ese salto había entrado de lleno en la historia del deporte y del atletismo, se convirtió en el récord mundial más longevo en su momento, hasta el celebre concurso de Tokyo 91.

Los expertos pensaban que el récord de Beamon duraría como mínimo hasta el siglo 21 y durante 23 años nadie pudo poner en peligro dicha marca.

Como se llegaba a Tokyo

Sin duda se preveía un duelo entre ambos atletas estadounidenses pero partía como claro favorito Carl Lewis. El “hijo del viento” había dominado la prueba en los últimos años, siendo campeón en los dos últimos Juegos Olímpicos y en las dos primeras ediciones del Campeonato del Mundo.

Lewis llevaba diez años sin perder un concurso de longitud, 65 triunfos consecutivos en esta disciplina, además era el actual récordman mundial de los 100m y una de las grandes estrellas de la historia del atletismo.

Lewis llegaba con 65 victorias consecutivas a Tokyo.
Lewis llegaba con 65 victorias consecutivas a Tokyo.

Por otro lado teníamos al aspirante, Mike Powell, un atleta mucho menos conocido pero que ya había sido plata olímpica en esta prueba tres años atrás en Seúl. Pero había salido derrotado en sus 15 enfrentamientos previos con su compatriota. Poseía una mejor técnica de salto que la de su rival, pero este era mucho más explosivo, potente y veloz que él.

Así las cosas el duelo estaba servido.

Un concurso para la historia

En cualquier caso nadie podía imaginarse lo que se vivió ese día en Tokyo. Un concurso con marcas impensables, con un récord del mundo adelantado a su época y quizás lo más importante, un duelo titánico entre dos atletas que dieron lo mejor de sí salto tras salto ante la exigencia del uno al otro. Un duelo absolutamente legendario y de los que hacen grande y de cuento a este deporte.

Vamos a repasar salto a salto lo que dio de si esa gran final:

Primer salto:

Powell entra lento en competición con un salto que no llega a los 8m, se queda para ser exacto en 7,85m, lejos de lo que puede dar de si.

Por su parte Lewis entra ya muy metido y en el primer salto vuela hasta los 8,68m. Esto suponía un nuevo récord de los campeonatos y era una marca que hacia pensar ya en el oro.

Segundo salto:

Aquí Powell deja claro que viene a luchar por el oro y a derrotar al fin a Lewis y se va hasta los 8,54m a tan solo 14 cm del primer salto de su rival.

Por su parte Lewis realiza un nulo en su segunda tentativa.

Tercer salto:

Powell sigue intentado llegar al registro de Lewis pero se queda corto con 8,29m y por si fuera poco el “hijo del viento” deja al estadio boquiabierto con un salto portentoso de 8,83m lo que suponía la tercera mejor marca de la historia y quedarse a tan solo 7 cm del legendario récord de Beamon, que recordemos que en ese momento era el récord más longevo del atletismo. Hay que decir que el viento no fue legal, al ser superior a 2m/s.

Cuarto salto:

Llegábamos a la mejora y el concurso estaba que ardía, tras la barbaridad de Lewis en el tercer salto, Powell en el cuarto vuela hasta quizás más de 8,80m pero el salto es nulo, pese a las protestas del atleta parece que la huella es clara y por un pelo pierde un salto histórico para él.

Mientras Lewis sigue con su concurso de ensueño y sigue volando salto tras salto, y en este…. 8,91m, el récord de Beamon había caído!!! pero de nuevo el viento demasiado favorable hace que el récord no sea homologado, pero se palpaba en el ambiente que lo tenía en los próximos saltos. El récord imposible era posible.

Quinto salto:

Impresionante lo que ocurre en el quinto intento de Powell, lejos de desmoronarse ante el dominio y el nivel de su rival, saca lo mejor de sí y consigue dejar a todo el mundo alucinado, un vuelo sin precedentes y cae en los 8,95m, rapidamente todo el mundo a mirar el viento y… tan solo 0,3 favorable. Ya nadie daba crédito, se había batido el récord de Beamon, algo de por si ya impresionante, pero además no había sido Carl Lewis. Powell no dejaba de correr y saltar por la pista mientras la cara de su rival era de asombro máximo, al igual que la de todo el público allí presente.

Powell enloquece tras su brutal récord.
Powell enloquece tras su brutal récord.

Pero estábamos ante uno de los más grandes de la historia del atletismo, lejos de derrotarse Lewis fue a por todas en su turno de salto y vaya salto… colosal. Se fue hasta 8,87m con viento en contra, algo brutal pero que aun así a falta de un salto le dejaba sin el título.

Sexto salto:

 

Powell renuncia a realizar el último intento y se muestra nervioso ante el salto de su rival. Pese a batir el récord mundial no tiene ni mucho menos asegurada la medalla de oro.

Se ve a un Lewis centrado y a un público expectante, habían vivido ya una tarde mágica pero quizás a un podría darse una nueva vuelta de tuerca más.

Lewis vuelve a realizar un salto impresionante, 8,84m pero no puede retener el título.

En un concurso irrepetible Powell acaba con el dominio de Lewis en la disciplina y además con el récord del mundo más antiguo del atletismo, algo sensacional e impresionante.

Pero no menos impresionante es que Lewis saltara cuatro veces por encima de 8,83m y no se llevará el título mundial.

Desde luego la gente allí presente nunca olvidará ese día y un concurso que quedará no solo para la historia del atletismo sino del deporte en general.

Tras ese concurso se hablo de la barrera de los 9m pero lo cierto es que el récord de Powell lleva ya 24 años vigente y ha superado incluso la longevidad del de Beamon. A día de hoy no parece estar cerca de batirse pero nunca se sabe. Desde aquel día pocos se han acercado al récord, pero hay que recordar el caso del cubano Iván Pedroso, quien salto 8,96m con viento aparentemente legal que la IAAF no homologo al estar un juez delante del medidor del viento y por tanto no poder certificar la validez del mismo.

En cualquier caso de lo que no cabe duda es que fue el mejor concurso de salto de longitud de todos los tiempos.

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