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Los más grandes: Abebe Bikila, el primer gran africano

Bienvenidos a otra nueva sección de Desde los tacos, en esta sección, llamada “Los más grandes” trataremos de acercar un poquito a las grandes leyendas de la historia del atletismo, y que mejor manera de empezar que con la primera gran estrella africana, el genial Abebe Bikila.

Cuando nos referimos a Bikila, no solo hablamos de una leyenda del atletismo, sino también de uno de esos héroes olímpicos, cuyas historias quedan para siempre en la mística y leyenda de esta competición.

Y además nos referimos a un precursor en su país y su continente, el primero de muchos excepcionales atletas surgidos del cuerno de África.

Fue el primer medallista de oro africano en unos juegos, al conseguirlo en la Maratón de Roma 60, titulo que conservaría en Tokio 64.

Bikila entrando victorioso en meta.

Pero retrocedamos al comienzo. Bikila, nació en una pequeña ciudad etíope, Jato, en 1932.

En su juventud destacó más en deportes como la natación y no se había fijado aún en el atletismo. A los 17 años se marcha a vivir a Addis Abeba, capital del país. Allí se unió a las tropas del emperador Haille Selassie I, empezando su carrera militar. Fue entonces cuando tuvo sus primeros contactos con el atletismo, ya que estaban obligados a correr y realizar duras pruebas físicas en sus entrenamientos militares. Esto hizo que desarrollara su talento innato para el deporte.

El punto clave en su carrera, llegó tras una prueba atlética militar, en la que en su primera participación, destacó sobremanera y le permitió tomarse más en serio el deporte. Gracias a ello pudo conocer al entrenador sueco, Onni Niskanen, quien en aquel momento trabajaba en el ministerio de educación de su país.

Bikila junto a su entrenador Niskanen

En principio Bikila no participaría en los juegos de Roma, pero una lesión de su compatriota Biratu, hizo que él fuese como sustituto. De la mano de Niskanen, Bikila prepara a fondo la prueba, con duros entrenamientos.

Como anécdota decir, que años después, el propio Abebe contaba que en sus largos entrenamientos por los campos etíopes, se distraía cazando animales que le perseguían en sus largos días de carrera.

Y llego el gran día, la Maratón de unos Juegos Olímpicos. La gente apenas conocía al atleta etíope, que sorprendió a todo el mundo apareciendo descalzo para la disputa de la prueba. El día anterior le salio una molesta ampolla en el pie, por lo que para evitar el dolor que le producía la zapatilla, decidió salir descalzo.

En el km10 de la prueba aparece el etíope, que con un gran cambio de ritmo se une al grupo cabecero, compuesto por el marroquí Rhadi, el británico Arthur Kelly y el belga Van den DreisscheEn el km 20 solo aguantaban en cabeza Rhadi y Bikila, el duelo por la victoria estaba servido. Y a poco para el final, llego uno de esos momentos que tan grande hacen a los Juegos Olímpicos, una de esas estampas que queda para la historia y que cada cuatro año volvemos a ver en los recuerdos clásicos de las olimpiadas.

Delante del Obelisco de Axum, un monumento que fue robado a su país en 1937 por el ejército italiano durante la Segunda Guerra italo-abisinia, Bikila dejó atrás a su rival y se encamino en solitario hacia la gloria olímpica y además con récord del mundo incluido, al completar la maratón en un tiempo de 2:15:16.

El etíope descalzo en Roma 60.

De esta manera se convertía en el primer africano campeón olímpico y grandes leyendas posteriores de su país como Gebrselassie o Bekele, reconocen que sin la existencia de Bikila, quizás ellos nunca hubiesen sido atletas.

Además, la imagen del corredor etíope marchándose en solitario, descalzo a la altura del Obelisco de Axum, es una de las grandes imágenes de la historia olímpica.

La mítica imagen del Obelisco de Axum en Roma 60.

Pero la gesta del genial atleta no se quedo ahí, cuatro años más tarde se presentaba en la maratón de los Juegos de Tokio, con la intención de convertirse en el primer atleta de la historia en repetir entorchado olímpico en esta disciplina.

Bikila, llego con problemas físicos, ya que fue operado seis semanas antes de la prueba de apendicitis, lo cuál afecto a su entrenamiento y preparación para la competición. A pesar de ello, esta vez con zapatillas, el etíope realizó una de las carreras más brillantes que se recuerdan, al correr prácticamente toda la prueba en solitario y no solo ganar el oro sino que volvió a pulverizar su propia plusmarca mundial, dejándola en 2:12:11.

Bikila en lo más alto del podium de los juegos de Tokio 64

Sin embargo en México 68, afectado por la altitud y unos problemas físicos en una pierna hizo que tuviese que abandonar la prueba.

Al año siguiente, llego la fatalidad. Sufrió un grave accidente de tráfico en la capital de su país y pese a ser atendido en los mejores hospitales del Reino Unido, no se pudo evitar que quedase parapléjico para siempre.

Pero Bikila es una leyenda tanto deportiva como social, asumió con gran entereza su fatalidad y ocho meses después de su accidente, regreso a su país en silla de ruedas, donde fue aclamado por una gran multitud y donde dijo: “Fue la voluntad de Dios que ganase en los Juegos y fue su voluntad que tuviera el accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia”.

Posteriormente participo en varias pruebas británicas de tiro con arco en silla de ruedas y también en los Juegos Paralímpicos de Noruega 71.

En 1972 fue invitado a los juegos de Munich y recibió una de las grandes ovaciones del certamen, cuando salio en silla de ruedas al estadio olímpico.

Bikila aclamado en los juegos de Munich 72

El 20 de octubre del año siguiente, a los 41 años, Abebe Bikila fallecía fruto de un derrame cerebral derivado del accidente.

Pero el legado que dejo en todo el mundo y especialmente en su país, lo convierte en uno de los grandes mitos del olimpismo y del deporte.

 Por:  @devesovic

Iván Devesa

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